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Lo que los expertos no están diciendo sobre La Duquesa De Alba Goya y cómo le afecta

04/06/2020

la duquesa de alba goya

Según confirmó el museo a Vanity Fair, más de 300.000 personas ya vieron la muestra, que reúne lo mejor de la compilación de Huntington, la más esencial de arte hispano fuera de nuestro país. Aguardan superar los 400.000 visitantes, lo que colocará a la exposición entre las más vistas en la historia del Prado (más de 600.000 vieron El Bosco) . El secreto que envuelve a la pintura de la duquesa nutre el éxito de público. Francisco de Goya realizó 2 retratos de cuerpo entero de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo, la histórica XIII duquesa de Alba.

Por otro lado, no existen cartas cruzadas entre , ni referencias contemporáneas de amigos o sirvientes que permitan suponer una relación más profunda e íntima que la del mecenazgo natural y aristocrático que ejerció la duquesa hacia el pintor, como con otras figuras de su tiempo. Que la duquesa apreciaba a Goya lo prueba que en su testamento ológrafo en Sanlúcar, de febrero de 1797 incluyó entre sus herederos al hijo del artista con un pequeño legado vitalicio de 10 reales diarios. Hasta el día de hoy, en consecuencia debemos ser reservados y denegar que existiese una relación amorosa entre Goya y la duquesa. Lo que no quiere decir que no existiese una relación especial entre ellos, que debe examinarse empíricamente, a la luz de los hechos contrastados .

La Duquesa De Alba Y Goya

Cayetana volvió a manifestarse en la obra de Goya, pero lo hizo en el capricho El sueño de la patraña y la inconstancia, un título sobradamente explícito. El duque de Alba había muerto en 1796, durante el lapso de un viaje a sus posesiones andaluzas. Poco después de celebrarse las exequias la duquesa recibió a Goya, por entonces en Sevilla, que acudió a presentarle sus respetos. Juntos partieron hacia Sanlúcar y allí el pintor inmortalizó a la duquesa en infinitos apuntes y dibujos que la detallan en situaciones de la vida diaria o simplemente recreada por la paleta enamorada del pintor. En el momento en que Goya reflejó a Cayetana el artista se convirtió en un hombre enamorado y, como tal, posesivo. En el magnífico retrato efectuado dos años después del primer acercamiento, la duquesa hace aparición ataviada de maja y señala, desafiante, una inscripción en el suelo donde se lee “Solo Goya”, mientras que en las manos luce sendos anillos con su nombre y el del pintor.

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De joven, Teresa vivía en un palacio en Lavapiés, y allí mismo podía localizar a manolos y manolas o ir al de Maravillas (Malasaña) a tratar con majos y majas. Imitaba su atavío, que con tanto detalle pintó Goya, y por su parte practicaba la tendencia importada de Francia de dejarse cortejar por uno o numerosos petimetres. Su rostro no resalta precisamente por la expresividad lo que, según Gudiol, contribuye a crear una imagen que más parece un icono religioso que un retrato de una dama de sociedad. Cayetana, que por entonces se relacionaba con un oficial del Ejército próximo al conde de Aranda y como tal enemigo de Godoy, no fue extraña a tales maquinaciones. No es de extrañar, pues, que sobre su muerte nunca aclarada planeara la sombra del crimen de Estado. En 1792, con Carlos IV en el trono, fue nombrado presidente, y tres años después ministro plenipotenciario y príncipe de la Paz.

Y también la edad de Goya , con casi cincuenta años en esa época y su sordera. La duquesa murió de repente, por “fiebres” en 1802, con 40 años, en su palacio de Buenavista de La capital española. Se ha especulado que quizá fuese envenenada por Godoy de acuerdo con la reina Mª Luisa , sus enemigos… y que entraron en el palacio y le robaron sus joyas . Lo que sí es cierto es que el palacio de Buenavista fue expropiado y pasó a ser propiedad de Godoy en 1807, con su contenido, incluyendo joyas de la duquesa y cuadros como “La Venus del Espéculo” de Velázquez. Respecto al palacete de la Moncloa, fue también expropiado por Carlos IV, y pasó a ser parte de los reales sitios. Hay un grabado de Goya, de la serie de los “Antojos” en el que observamos a una muchacha volando sobre unas brujas, que Goya tituló “Volaverunt” es decir “volaron “. Existen 2 pequeños cuadros de gabinete que probablemente Goya pintó desde situaciones presenciadas por mismo ,dado que ahora disponía de un estudio en el palacio de los duques y tenía ingreso a la privacidad de la vida en el palacio.

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Con buen o mal recuerdo, el tema es que la mujer que posó para esta lona no dejó indiferente a ninguno de sus contemporáneos. El mito siguió alimentándose con el pasar de los años y todavía se publican numerosos libros sobre su biografía amorosa, su castigada personalidad por el hecho de ser estéril e incluso sobre su muerte (historiadores quedan que aseguran que fue envenenada a causa de una conspiración de la reina).

Un caballero que la acompañara y galanteara pero que, de manera oficial, no pasara de ahí. Pero la boda de su madre no fue la única en celebrarse en aquel año de 1774. Nuestra Cayetana, que solamente había cumplido catorce años, contrajo matrimonio con José María Álvarez de Toledo y Gonzaga. El novio, su primo hermano, era un joven distinguido y cultivado, excelente melómano, que pertenecía al círculo íntimo del infante don Gabriel, el más querido de los hijos de Carlos III. El matrimonio fue impulsado por el duque de Alba con el propósito de que el título permaneciese en el seno familiar.

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Como explicó Carmen Martín Gaite en Usos cariñosos del XVIII en España, las mujeres casadas solían tener al costado a un tipo vestido a la última, que chapurreaba francés, desdeñaba el trabajo y sabía bailar el minué. Atildado y moderno, acompañaba a la señora, a veces hasta su alcoba pero otras no, mientras que el marido atendía los negocios o aficiones (el duque de Alba se pirraba por la música de Haydn) o sus conspiraciones políticas. Esta vez Goya retrató a la duquesa de Alba vestida de luto, según Ezquerra vestida de maja. Hoy en día se cuestiona la frecuente creencia de que el cuadro formara pareja con el retrato de su marido, el duque de Alba.

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La luz desempeña en el retrato un papel fundamental puesto que le alumbra profundamente desde fuera del cuadro resaltando su rostro .El cuadro está efectuado a base de gruesas pinceladas, cargadas de pigmento, con las que Goya crea las formas y sugiere la materia. Al referirse a su estudio no está claro si Goya hace referencia al de su casa o al que le habilitaron los duques, para los que trabajaba, en su nuevo palacio. Probablemente, la duquesa precisó el maquillaje para una ocasión especial, quizá una recepción o un baile en palacio.

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Cuando Goya pasó unos meses en su finca deSanlúcar de Barrameda, de 1796 a 1797, María del Pilar Teresa Cayetana tenía 35 años, acababa de enviudar y estaba en la flor de su hermosura. Para un visitante francés en Madrid, Jean-Marie-Jerome Fleuriot, doña Cayetana “no tenía un solo pelo que no inspirase deseo”. Poetas como Meléndez Valdés, Arriaza y Quintana le dedicaron versos de amor. Más allá de la diferencia de edad, el artista y su mecenas fueron objeto de varios rumores. Su hijo, Javier Goya, lo heredó y en 1836 lo vendió al barón Isidore-Justin Taylor a fin de que engrosara la colección de arte de Luis Felipe de Orleans, rey de los franceses. A lo largo de 12 años colgó en la conocida Galería Española del Museo del Louvre , pero el estallido de la revolución francesa de 1848 volvió a torcer su destino.

No hay relación entre ellos, debieron ser concebidos para ámbitos distintos. Los cuadros de la duquesa de Alba y la marquesa de Lazán de Goya, la condesa de Miranda, de Pantoja de la Cruz y el retrato de la duquesa de Alba pintado por Ignacio Zuloaga en 1921 vuelven al Palacio de Liria este lunes, 9 de septiembre, y el público va a poder visitarlos a partir del 19 de septiembre. Posando sobre un fondo difuso, con un perrito faldero a sus pies y un inmaculado vestido blanco, la figura de la duquesa centra toda la atención del observador. Unos atentos de oro, la banda de seda roja ciñendo la cintura, un brazalete con las iniciales S y T y el collar de doble coral son los suntuosos pero discretos detalles que completan su atuendo. Tan sólo un ademán distrae la mirada de quien contempla esta obra y es la mano derecha de la protagonista, que señala de manera directa al suelo de arena donde se puede observar la firma con el nombre del artista y la fecha de realización.

  • El edificio madrileño, popular como \’el hermano pequeño del Palacio Real\’, fue la vivienda principal de la fallecida Duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, y ahora asimismo es la de su hijo Carlos Fitz-James Stuart, XIX duque de Alba.
  • Por debajo del vestido sobresalen los chapines de color blanco, muy de moda en aquella época y dibujados excepcionalmente por Goya.

A diferencia del retrato que Goya pintó años antes y en el que aparecevestida de blanco con la melena suelta, aquí cubre su cabeza bajo una mantilla de encaje. Bajo el vestido sobresalen los chapines de color blanco, muy de tendencia en aquella temporada y dibujados excepcionalmente por Goya. Llama la atención la postura de la duquesa señalando en el suelo la firma de Goya escrita de forma invertida para una aceptable visión por la parte de la dama.

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